Cuentos de hadas, relatos feministas.
La Bella Durmiente y el freudismo en la construcción del la feminidad
Gabriela Licausi
Maestría en Estudios de la Mujer - UCV
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| Ilustración de Gabriela Licausi |
IntroducciónEl camino hacia la feminidad, en la sociedad occidental, es obligatorio. La mujer, para ser considerada “normal” dentro de su propio espacio social, debe seguir los modelos que le han impuesto. Más aún, estos modelos son reproducidos de manera inconsciente, han sido interiorizados, naturalizados.
El desarrollo de un ser humano, en una cultura, es un proceso de aprendizaje de prácticas sociales y creencias. En el momento en que un individuo nace, queda inserto en una cultura específica y deberá aprender a percibir la realidad a través de esa misma cultura (Martínez García, 2008: 289-290).
Dentro de ese proceso de aprendizaje, los metarrelatos son de gran importancia, ya que establecen las bases para que el sistema social imperante continúe reproduciéndose. Así, el individuo moldeado por distintos mecanismos socializadores se convierte en reproductor de los modelos que ha aprehendido.
La feminidad, vista desde el androcentrismo, es un metarrelato que legitima la subordinación femenina y da paso a que persista el discurso hegemónico. Debido a esto, para romper con el patriarcado, es necesario deconstruir los metarrelatos de la actualidad.
Por otra parte, en la construcción de estas narrativas actuales, desempeñan un papel de gran importancia las leyes, la historia, los mitos y los cuentos de hadas (Fernández Rodríguez, 1998:11).
El objetivo de este ensayo es realizar una revisión del metarrelato de la feminidad, reforzado por el discurso freudiano, como un modelo que establece las bases para que el sistema patriarcal continúe justificando la desigualdad de género.
Este análisis se hará a partir de la comparación del cuento de la Bella Durmiente y la propuesta de Freud del complejo de Edipo en la mujer, para demostrar que las críticas feministas son pertinentes, ya que Freud da por sentado que los modelos aprendidos en la cultura son parte de la psique humana y por lo tanto, innatos.
El modelo freudiano de feminidad
Sigmund Freud (1856-1939) revolucionó la ciencia cuando comenzó a estudiar el desarrollo sexual de los niños como una manera de entender la las características psíquicas de los seres humanos. Sin embargo, a pesar de que su obra critica fuertemente la represión sexual de la época, al referirse a la mujer justifica su posición de inferioridad (Millet, 1975:237).
Así, Freud desarrolla numerosos textos asociados a la sexualidad infantil y al desarrollo sexual de la mujer, en este apartado se revisarán los textos: “Sobre la sexualidad femenina” escrito en 1931 y “33º conferencia. La feminidad” presentado en 1943. En estos dos textos, Freud, plantea que la mujer atraviesa desde su nacimiento, una serie de etapas que en circunstancias “normales” deberían llevarla hasta la feminidad.
En su modelo, este autor explica que; al igual que el hombre, la mujer también reproduce el complejo de Edipo, pero lo hace de manera negativa. En el caso del niño, desde que nace siente un apego hacia la madre (o la figura materna), quien lo llena de cuidados y le propicia toda serie de sensaciones. El que la madre sea su objeto de deseo, convierte al padre en su rival y por eso demuestra hostilidad hacia él, pero al descubrir que su madre no tiene un pene, teme sufrir el mismo destino de ser castrado por el padre y logra romper (no definitivamente) con el amor que siente hacia la madre, que posteriormente dirigirá hacia otra mujer.
En el caso de las mujeres, dice Freud, no sucede así. El primer objeto de afecto de la niña es la madre, ya que, en esta etapa que el autor llama pre-edípica, la niña es tan masculina como el niño, aunque más dócil y fácil de enseñar. La niña posee un pene atrofiado: el clitoris, el cual durante esta etapa, es el ente regente de su sexualidad. Sin embargo, no siempre será así, pues tarde o temprano descubrirá que le falta “algo” y que, ese “algo”, la coloca en una posición de inferioridad e intentará por todos los medios, apropiarse de ese elemento del que ha sido despojada por la madre: el pene (Freud, 1986:230-235).
Lo anterior es lo que Freud llama: el complejo de castración y la envidia del pene y dice: “…se siente gravemente perjudicada, a menudo expresa que le gustaría tener ese algo, y entonces cae presa de la envidia del pene, que deja huellas imborrables en su desarrollo y en la formación de su carácter, y aun en el caso más favorable no se superará sin un serio gasto psíquico” (Freud, 1986b:116).
Luego de descubrir su estado de castración, la niña puede proceder de tres formas: en la primera forma, adopta una posición de pasividad y renuncia a su sexualidad; en la segunda, se niega a aceptar su inferioridad y “retiene la masculinidad amenazada”; y, la tercera, en la cual convierte a su padre en el nuevo objeto de deseo y así avanza hacia la feminidad (Freud, 1986b:118-120). La última de las formas es la reacción que Freud considera normal, mientras que las otras pueden llevar a la neurosis y la frigidez (Freud, 1986:233).
Por último, el autor explica que la mujer sólo logrará superar la envidia del pene y sentirse satisfecha cuando de a luz un hijo y resalta que la satisfacción será aún mayor si ese hijo es hombre y concluye: “La madre puede transferir sobre el varón la ambición que debió sofocar en ella misma, esperar de él la satisfacción de todo aquello que le quedó de su complejo de masculinidad” (Freud, 1986b:124).
En síntesis, se puede resaltar, que según Freud el desarrollo sexual “normal” de la mujer va desde una fase preedípica en donde siente apego hacia la madre, seguido por el descubrimiento de la castración y la transferencia de su afecto al padre, no sin antes comprobar que el objeto deseado no lo podrá obtener por sus propios medios. En otras palabras, la mujer, un ser nacido incompleto, deberá buscar el apoyo del hombre para poder llenar el vacío con el que ha nacido. Solamente un hombre será capaz de darle lo que tanto añora.
Criticas feministas al modelo freudiano de feminidad
Freud realizó una descripción detallada de los modelos de sexualidad tanto femenina como masculina en la sociedad occidental, sin embargo, en vez de entenderlos como estructuras sociales aprendidas e interiorizadas, los interpretó como estructuras psíquicas innatas. Obviando el contexto social y realizando un análisis desde una perspectiva masculina.
Millet, una de sus principales críticas feministas nos dice: “…su análisis podría haber resultado harto valioso si se hubiese mostrado suficientemente objetivo para reconocer que la mujer nace hembra en una cultura orientada hacia lo masculino y propensa a proyectar sus propios valores sobre la anatomía y a dotar de fuerza simbólica ciertos factores puramente biológicos.” (1975:240).
Esta es una crítica recurrente y Millet no es la única feminista que critica a Freud por pasar por alto el contexto social, Shulamit Firestone y Simone de Beauvoir son algunas de las autoras que resaltan este hecho como imperdonable, ya que de lo contrario el aporte de Freud, en lugar de legitimar la desigualdad de género, habría empujado a la ciencia a cuestionar su propia postura antrocéntrica.
Así es como en su texto, La dialéctica del sexo. En defensa de la revolución feminista (1976), Firestone nos expone la propuesta freudiana en base a los esquemas sociales y a la asignación de roles en la familia patriarcal de la sociedad y la época a la que Freud pertenecía. En otras palabras, esta autora explica que en la familia nuclear del sistema patriarcal, el rol asignado al padre es el de proveedor, dueño y señor de todo lo que le rodea (incluidos la mujer y los hijos).
Por otra parte, la esposa e hijos son víctimas de este sujeto despótico por lo que crean una especie de complicidad silenciosa. En el momento en que el niño o la niña se dan cuenta que existe una posibilidad de salir al mundo exterior, rechazan a la madre a la cual se le ha asignado, simbólica, económica y culturalmente, un lugar pasivo en el espacio social, restringido meramente al hogar (Firestone, 1976:68-71).
En cuanto a la crítica realizada por Simone de Beauvoir, se puede decir que se centra en la idea de que el ser mujer se construye socialmente como un ser imperfecto, incompleto que es obligado a aceptar esa supuesta feminidad si desea transformarse en una persona mayor. Beauvoir dice: “Ya sabía que su sexo la condenaba a una existencia mutilada y determinada; pero ahora lo descubre bajo la figura de una enfermedad impura y un crimen oscuro.” (Beauvoir, 1977: 71).
Existe otra postura entre las feministas a este respecto: Juliet Mitchell en su texto Psicoanálisis y feminismo, considera que el análisis freudiano es en realidad un análisis del sistema patriarcal y se opone a la crítica realizada por las otras autoras. Según Mitchell, el concepto de realidad social, utilizado por las críticas al freudismo, es limitado y pasa por alto que “la realidad social que Freud intenta esclarecer es la representación mental de la realidad de la sociedad” (1976:410).
Al respecto, esta autora resalta el concepto utilizado por los psicoanalistas, de inconsciente, que define como la transmisión y herencia de las leyes sociales y el lugar de reproducción cultural e ideológica (Mitchell, 1976: 407), este aspecto es necesario de resaltar para una interpretación más profunda, por eso en lo que sigue se hará una revisión del papel del inconsciente en la reproducción de los modelos, particularmente del modelo de feminidad.
Los cuentos infantiles y el psicoanálisis
En los estudios de los relatos, el psicoanálisis, desempeñó un papel importante, aunque la propuesta freudiana habla del simbolismo como código inconsciente (Sperber, 1988:11). Para Freud (1856-1939) el relato era una “forma simbólica” que debía ser descrita y clasificada a partir de su “sustancia” y que su objetivo era evidenciar las estructuras insertas en la mente humana (Taipe Campos, 2004:17).
El psicoanalista Carl Jung (1875-1961) consideraba que los símbolos no son fabricados, sino producto de la psique. Jung concibió su modelo a partir de los arquetipos y del inconsciente, tanto individual como colectivo. Los arquetipos, para Jung, son estructuras de imágenes presentes en la mente y que los humanos repiten en todas las culturas (Jung, 1992:29; (Duch, 2002:311-312), muy parecida a la propuesta freudiana de la herencia de las leyes sociales a través del inconsciente.
Este tipo de propuesta busca explicar la recurrencia de ciertos esquemas en las distintas culturas y al mismo tiempo justifica los modelos existentes en el sistema patriarcal, ya que establece que la representación de la realidad social es innata. Con esto, el psicoanálisis, nuevamente, ignora el contexto social y concibe modelos y símbolos particulares, como universales. Al igual que Freud, Jung pasa por alto que hay un proceso de aprendizaje de la cultura que conduce al individuo a reproducir modelos específicos.
De esta manera, “Los arquetipos y los mitos, han cumplido, en definitiva, la misión de hacernos llegar a todos, hombres y mujeres, modelos androcéntricos y patriarcales sobre las características de uno y otro sexo, sobre lo que deben hacer y lo proscrito para cada uno de ellos.” (Guil Bozal, 1998: 99).
En la antropología, hoy en día, los relatos y los símbolos han sido definidos como sistemas de creencias, maneras de ver y explicar una realidad dada, sistemas lógicos o formas de discursos (Lopez Austen, 1996:45). Para este ensayo, se abordará el relato como un mecanismo socializador que entre otras cosas introduce al niño o la niña en el sistema patriarcal.
Análisis de la Bella Durmiente
El relato de la Bella Durmiente ha sido encontrado en distintas partes del mundo y en distintos momentos históricos. Cada versión encontrada ha tenido modificaciones que podrían deberse a características de la sociedad de la época en la que surgió, pero lo que es cierto es que, aunque varíen los elementos de la historia, su estructura se mantiene intacta (Fernandez Rodríguez, 1998:30-34). Para comprobar esto, en este apartado se revisaran cuatro versiones diferentes de La Bella Durmiente.
Metodologia de análisis:
Se eligió el relato de la Bella Durmiente, por ser un cuento que presenta un modelo de feminidad bastante específico, el objetivo de este análisis será establecer cuál es ese modelo y sus semejanzas por el modelo propuesto por Freud.
Para revisar el relato, se procederá de la misma manera que lo propone Propp en La morfología del cuento (2008) y Raíces históricas del cuento (2008b). Propp propone localizar distintas versiones de un relato y a partir de la repetición de elementos, localizar su estructura, aunque recomienda una revisión de los demás elementos en contraste con los cambios socioeconómicos experimentados en la época en la que se dan (Propp, 2008b:62).
Las versiones que se revisarán (principalmente, por razones de espacio y tiempo) serán sólo cuatro: la presentada por Giambatista Basile en 1634, la escrita por Charles Perrault en 1697, la publicada por los hermanos Grimm en 1812 (Fernandez Rodríguez, 1998: 34-44) y la versión producida por Disney en el año 1959.
Basile, 1631. Talía, Sol y Luna
Un oráculo anuncio que la princesa Talía moriría al pincharse el dedo con una brizna de lino, por lo que el rey prohibió el uso del lino o el cáñamo en todo el reino. Un día la princesa se encontraba en la ventana y vió a una mujer hilando y por curiosidad se acercó a observar la actividad que realizaba, pero cuando tomó el hilo, un pedazo le tallo en el lino se le clavó debajo de la uña y se desmayó. Y el rey destrozado por la muerte de su hija, la coloca sobre una cama de terciopelo y cierra las puertas del palacio para después irse. Años más tarde se aparece un rey que se encontraba cazando en los alrededores, se introduce en el palacio y encuentra a la princesa durmiendo. Al verla tan hermosa no aguanta la tentación y la posee, para luego partir y olvidar rápidamente su aventura. La princesa queda embarazada y tiene un niño llamado Sol y una niña llamada Luna. Un dia el niño, por hambre, comienza a chuparle el dedo a la madre en el sitio donde se encontraba la astilla del tallo y logra extraerla, haciendo que su madre despierte. El rey recuerda un día a la hermosa princesa durmiente y decide regresar a verla, descubriendo que ha despertado y que ha dado a luz a sus dos hijos. El rey es casado y su esposa al descubrir la existencia de Talía y los niños, decide enviar a buscarlos. Cuando se los presentan, ordena que los cocinen para dárselos de comer al rey, pero al enterarse de lo ocurrido, el rey manda a la reina a la hoguera y finalmente se casa con Talía (Basile, 2009).
Perrault, 1697. La Bella Durmiente del Bosque
Un rey y una reina logran tener una hija después de muchos años esperándola, para celebrar invitaron a siete hadas a su bautizo, pero olvidaron llamar al hada que hacía más de 50 años no se veía, ésta apareció en la celebración algo enojada. Las hadas fueron otorgando a la bebe distintos dones: belleza, gracia, bondad, hermosa voz, que supiera tocar todos los instrumentos y que bailara a la perfección. El hada vieja habló entonces, condenando a la niña a morir al herirse la mano con un huso. Luego de la maldición, el hada partió dejando a todos los presentes consternados, sin embargo, el hada número siete aún no había hablado y anunció que la princesa no moriría, si no que dormiría por cien años hasta que la despertara el hijo de un rey. El rey asustado prohibió los husos y aquel que no cumpliera la orden pagaría con la muerte. Pasaron 15 o 16 años y un día en que el rey y la reina habían salido a pasear, la princesa comenzó a recorrer el castillo, hasta que llegó a lo alto de una torre en donde se encontraba una anciana hilando en una rueca, ya que jamás había escuchado que se prohibieran los husos. La princesa se le acercó con curiosidad e intento hacer lo mismo que la vieja mujer, pero como era algo atolondrada, se pinchó con el huso y desfalleció al instante. El rey al encontrarla de esa manera entendió que aquella maldición había sido inevitable y ordenó acomodar a la princesa rodeada de adornos, el hada que había cambiado la profecía durmió a todos los presentes excepto al rey y la reina, quienes después de besar la frente de su hija partieron del palacio. Cien años después, el hijo de un rey se encontraba cazando cerca de aquel lugar y escuchó la historia de la hermosa la doncella durmiente y decidió ir hacia el castillo a buscar a la princesa. El príncipe atravesó el camino de espinos, se introdujo en el lugar en el que reinaba el silencio y llegó hasta donde estaba la princesa, se arrodilló a su lado y en ese instante, ella despertó. Todos los habitantes del palacio despertaron y el príncipe y la princesa contrajeron matrimonio. El príncipe mantuvo oculta de sus padres a su esposa, ya que le tenía algo de miedo a su madre que pertenecía a la raza de los ogros. Luego de dos años tuvieron dos hijos llamados Aurora y Día, y dos años más tarde murió el rey, por lo que el príncipe ascendió al trono y fue entonces cuando presentó a su esposa e hijos. Tiempo después el nuevo rey tuvo que ausentarse para ir a la guerra, dejando a la nueva reina completamente desprotegida, la reina madre se aprovechó de esto para acabar con su nuera y nietos. Ordenó a su cocinero preparar a la princesa Aurora para luego comérsela, el cocinero no pudo hacerlo, así que ocultó a la niña y tomó un cordero, lo preparó lo mejor posible, logrando así engañar a la reina quien disfrutó en exceso el platillo. Días después la reina se antojó de comerse al niño y ordenó al cocinero repetir el crimen, el cocinero volvió a servirle un cordero a la reina ocultando al pequeño. A los días la reina envió al hombre a cocinarle a la joven reina, quien al verlo llegar se resignó y sacrificadamente se ofreció a morir. El cocinero tampoco pudo asesinarla a ella, por lo que le contó que había ocultado a sus hijos en su casa y que también haría lo mismo con ella, de esa manera engaño nuevamente a la perversa reina. Un día paseaba la reina por el jardín cuando escuchó la risa de los pequeños y descubrió que había sido traicionada, así que ordenó que apresaran al todos, cuando ya estaba a punto de arrojarlos a un pozo lleno de lagartos, regresó el rey y al verse descubierta, la reina madre se arrojó al pozo y murió. El rey se sintió disgusto al ver a su madre morir de esa manera, pero dejó de preocuparse cuando vio a su bella esposa e hijos (Perrault, 2000:12).
Hermanos Grimm, 1857. La Bella Durmiente
El rey y la reina no podían tener un hijo. Un día mientras la reina se bañaba una rana salió del agua y le dijo que tendría un hijo ese año. El rey y la reina tuvieron una hija y para celebrar, el rey realizó a una fiesta a la que invitó a doce hadas, pero en el reino había trece hadas y no llamó a la última porque no tenía suficientes platos de oro. El día de la celebración, las hadas le obsequiaron a la princesa distintos dones, entre ellos belleza y virtud. Sin embargo, el hada número trece también se presentó molesta por no haber sido invitada y ofreció un regalo a la princesa: al cumplir los quince años se pincharía el dedo con el huso de una rueca y moriría. Al partir, el hada número doce, que no había podido dar su obsequio a la niña, ofreció reparar el mal y anunció que la princesa no moriría, sino que dormiría por 100 años. El rey, asustado por la maldición ordenó quemar todas las ruecas existentes en el reino. Pasaron los años y la princesa creció siendo admirada por todos los que la conocían debido a su virtud y belleza. El día en que cumplía los 15 años, el rey y la reina tuvieron que ausentarse por unas horas, lo cual aprovecho la joven para aventurarse a recorrer los lugares del castillo que no conocía. Llegó a una torre muy alta, subió a lo largo de unas escaleras de caracol y se detuvo ante una puerta que tenía una vieja cerradura, en esa puerta había una llave que la princesa giró para luego entrar en una habitación. En el lugar se encontraba una anciana hilando con una rueca, la joven tomó el huso que sostenía la mujer e intento imitarla, pero se pinchó y al instante se desmayó, cumpliéndose así la profecía. Todo el castillo cayó en un sueño profundo, incluyendo el rey y la reina que acababan de regresar. Muchos años pasaron y un príncipe escuchó la leyenda de una princesa de singular belleza que dormía al interior del castillo y decidió ir a buscarla. Al llegar, la entrada estaba rodeado de un gigantesco espino, pero cuando se acercó, los espinos cedieron el paso. Atravesó las distintas habitaciones del lugar y fue encontrándose con todo sus habitantes dormidos, avanzó hasta llegar a donde se encontraba la princesa y como era tan hermosa decidió besarla, al hacer ésto, la doncella despertó y le sonrió. Juntos bajaron para descubrir que el palacio entero comenzaba a despertar. Con gran alegría se celebraron las bodas la Bella Durmiente y el príncipe que la había rescatado de su largo sueño (Grimm, 2000).
Disney, 1959. La Bella Durmiente
La versión de Disney es la más conocida en la actualidad, lo cual podría deberse a que la difusión cinematográfica es mayor a la literaria. De una manera u otra, parece ser pertinente tomarla en cuenta, ya que, no solamente reproduce, al igual que las historias anteriores, un modelo de feminidad específico, sino que puede considerarse una de las versiones más modernas del relato medieval y que a pesar de que apareció por primera vez hace más de 50 años, sigue siendo vista por las distintas generaciones:
El rey y la reina tienen una hija a la que llaman Aurora y para celebrar su nacimiento realizan una gran fiesta, en su honor e invitan a tres hadas, aunque olvidan invitar al hada malvada del reino: Maléfica. Las hadas le conceden varios dones a la pequeña princesa, la primera le otorga belleza sin igual y la segundo una hermosa voz, pero cuando llega el turno de la tercera, Maléfica se aparece y reclama el que no la hayan invitado, anuncianado que al cumplir los 16 años la princesa se pinchará el dedo con el huso de una rueca y morirá. La tercera de las hadas decide cambiar la maldición y anuncia que no morirá, sino que dormirá hasta que el beso del amor la despierte. Las hadas deciden llevarse al bebé al bosque para protegerla y allí crece rodeada de la naturaleza y los animales. El día que cumple los 16 años conoce al príncipe Felipe, su prometido, y sin saber quién es, se enamoran. Las hadas deciden regresar al palacio y es allí en donde la princesa, engañada por Maléfica toca el huso y pierde la conciencia. El príncipe, mientras tanto, es atrapado por la malvada bruja y encerrado, pero con la ayuda de las hadas logra escapar, se enfrenta a un enorme espino que ha crecido alrededor del palacio y asesina a maléfica que se había convertido en dragón. Finalmente llega a la torre en la que ha sido colocada la princesa Aurora y la besa, haciéndola despertar. Juntos descienden al palacio donde los esperan para celebrar.
Estructura del relato
Nace una princesa esperada, se realiza una gran celebración y distintas hadas le otorgan dones: belleza, virtud, hermosa voz. Un hada malvada, se presenta en la fiesta y la maldice. La niña alcanza la edad especificada (15 o 16 años) y la profecía se cumple: se pincha el dedo con un huso y cae en un largo sueño, hasta que un hombre llega a despertarla.
Semejanzas y diferencias entre las versiones
Las versión de Basile, que es la más antigua aquí revisada, es la que más se aleja de la demás versiones. Por ejemplo, no aparecen las hadas que le otorgan dones a la princesa ni el hada malvada, sin embargo, nos encontramos con un rey violador y adúltero, así como el hecho que la princesa se despierta cuando se convierte en madre, muy diferente a las otras versiones en donde la joven despierta cuando aparece el príncipe.
Perrault, en cambio, incorpora a las hadas y permite que la princesa despierte antes de ser poseída por el príncipe, sin embargo, esta versión tiene un final similar a la de Basile, ya que la historia continúa hasta la aparición de la reina caníbal, aunque en lugar de ser la esposa del rey, es la madre.
Por su parte, los hermanos Grimm nos presentan una versión más sencilla, con un final más corto en donde la princesa despierta y alcanza la felicidad esperada con un beso del príncipe. Probablemente la versión de Disney se basó en este relato para adaptarlo también a su manera. Ahora bien, lo elementos que más se repiten son: la princesa esperada, los dones otorgados, la presencia de un hada malvada, la maldición, la edad de la joven y el huso.
El modelo de Feminidad en la Bella Durmiente
En base a los elementos que más se repiten en el relato podemos analizar cuál es el modelo de feminidad que se nos presenta a través del cuento de la Bella Durmiente. La niña ha nacido después de una larga espera, en la versión de los hermanos Grimm, por ejemplo, a la reina se le aparece una rana que le anuncia la llegada del bebé. El simbolismo presente en este momento es claro, la rana y el agua simbolizan la fecundidad y el anuncio, nos presenta la satisfacción del deseo de la reina al convertirse, finalmente en madre (Cooper, 2000:233).
En cuanto a los dones otorgados, varían de acuerdo al relato, pero siempre resaltan: la belleza, la virtud y dotes musicales. Este aspecto es de gran importancia, ya que resalta los atributos esperados en una joven mujer, siendo la belleza el más repetido, ya que cuando el joven príncipe (o rey en el caso de la versión de Basile) encuentra a la doncella durmiente, lo primero que nota es su increíble belleza.
Por otro lado se nos presenta la imagen de una mujer poderosa, en contraposición a la de mujeres pasivas e impotentes, pero buenas (la madre de la princesa, la princesa, las hadas buenas). Esta mujer poderosa no sólo es astuta, sino que aparece personificada de distintas maneras como el caso del hada malvada o de la reina celosa (tanto la madre ogra como la esposa engañada), pero es a su vez malvada, cargada de símbolos negativos a pesar de ser, al menos en esencia, la mujer más astuta del lugar (Fernández Rodíguez, 1998:36).
Es decir, la reina buena y la doncella durmiente son pasivas y triunfarán al final, realizándose como esposas o como madres, mientras que el hada malvada, la reina celosa o la madre caníbal son castigadas con la muerte por su terrible osadía de ser poderosas e inteligentes.
En la versión de Disney, que es la más reciente, nos encontramos con otro tipo de mujer: las hadas que le regalan los dones a la princesa son también agentes activos en su rescate, ya que gracias a ellas el príncipe logra convertirse en héroe, sin embargo, es poco probable que una niña en proceso de aprendizaje de los roles y modelos asignados socialmente a su sexo, se sienta identificada con tres pequeñas hadas adultas que no encajan en el ideal de belleza femenina actual.
Finalmente, la maldición, la edad de la joven y el huso son símbolos que han sido interpretados por distintos autores como la llegada de la niña a la pubertad, la menstruación y el encuentro sexual, ya que el huso es considerado un símbolo fálico (Cooper, 2004:86).
De la bella durmiente a Freud
La bella durmiente es una joven que nace y recibe los dones de la belleza y la virtud, otorgados por hadas que pueden ser vistas como la madre descrita por Freud en la etapa pre-edípica. En algún momento de su infancia se aparece también un hada malvada que la maldice, esta mujer es la madre del complejo de Edipo y la maldice porque la hace mujer, es aquí en donde nos encontramos el complejo de castración. Así, al alcanzar una edad sexual socialmente aceptable, la niña guiada por la madre hostil comprende que no tiene un huso-pene e intenta apropiarse de éste, pero sufre una herida y cae en un profundo sueño.
Freud resalta que al introducirse en la envidia del pene la niña se ve abordada por una “oleada de pasividad” que la dirigirá hasta la feminidad (Freud, 1986:120), esta supuesta pasividad podría ser el sueño profundo al que es introducida la Bella Durmiente, al entender su propia castración y por consiguiente su inferioridad.
En la versión de Basile, es interesante ver como la princesa despierta de su sueño cuando su hijo-pene le extrae la astilla. En este caso, la Bella Durmiente escapa del sueño gracias a que se ha convertido madre, muy parecido a lo que expone Freud en donde la única manera de que una mujer, que ha descubierto su propia inferioridad, se sienta satisfecha es que se convierta en madre.
De igual manera, el que despierte con la ayuda de un príncipe nos muestra otro elemento más del modelo de feminidad del discurso patriarcal, en donde la mujer sólo puede alcanzar la felicidad con un hombre-pene a su lado —incluso si ese hombre es un violador y adúltero.
Conclusiones
Freud a través de su análisis del complejo de Edipo, en el hombre y en la mujer, reproduce y justifica un modelo que ya existía. Ya en la época de la Sofía de Rousseau este modelo estaba presente. De esta manera, podemos ver que por mucho tiempo ha existido un esquema del ideal femenino, en donde la mujer es presentada como un ser pasivo, narcisista y débil cuyo único objetivo en la vida es la maternidad (Rousseau, 2002: 332 ; Freud, 1986:120-125). Freud, simplemente lo legitimó con el discurso científico.
El relato de la Bella Durmiente presenta ese mismo modelo: doncella virtuosa y hermosa que a partir de su debilidad debe incitar la virilidad del hombre. Lo interesante de este ejemplo es, justamente, que a pesar de que se hayan dado una enorme cantidad de cambios en la sociedad occidental, en los últimos siglos, las bases del sistema patriarcal siguen manteniéndose tan fuertes como en el principio.
El hecho que la estructura del relato haya persistido durante siglos, evidencia que no se ha dado una verdadera transformación porque el discurso patriarcal continúa reproduciéndose. De la misma manera que la Revolución Sexual fracasó porque no fueron cuestionadas las estructuras y modelos sociales ni mucho menos la familia nuclear, institución central del discurso patriarcal (Millet, 1975: 235).
Esta es la historia de una niña que le huye a una bruja malvada para que no la castre y que cuando es castrada, queda reducida a una cama en donde esperará ser rescatada. Es la historia de dominación masculina y es la historia de la joven “herida, avergonzada, inquieta y culpable.” (Beauvoir, 1977:71). La verdadera pregunta que debe surgir ante todo esto es: ¿Cómo deshacernos de unas estructuras sociales que nos llevan a percibir la realidad de una manera determinada y que han existido a lo largo de varios siglos?
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